viernes, diciembre 24, 2010

Navidad en la Calle

Navidad en la calle

He cometido la impertinencia de conversar por mas de una hora con una niña que vendía flores en el centro de Temuco. Digo impertinencia, porque lo políticamente correcto es comprarle una rosa, dejarle mil pesos y huir, huir raudo para no quedar con esa mirada pegada en la conciencia.

Una huida que en la Araucanía lleva ya demasiado tiempo, escondiendo bajo las cifras, escuelas, puentes y mall, la oscura y dramática vida de los niños y niñas de la calle.

Francisca, lleva el nombre de mi beba mas pequeña. Tiene 10 años, ha escapado de su casa, de los hogares del Sename y de toda regla que usted conozca. Hoy vive con una “amiga” de 19 y con mucho miedo, aunque la dureza de su mirada aparente otra cosa. Me confiesa que “junta plata” para regalar una muñeca Barbie a su hermana Rocio, quizás en un intento de encontrar su infancia perdida, busca afanosamente salvar la de su hermana menor.

Le llevo un libro de cuentos y deletrea, como una niña de 2 básico. ¿Cuántos niños viven con tu amiga, le pregunto? Somos 12, pero a veces llegamos a 20. Casi como en un cuento de Dickens, ella mueve las monedas desde su mano izquierda a la derecha, nerviosa de tanta pregunta inusual.

Ha habido intentos para poner el tema en el debate regional, claramente valorables, pero insuficientes. Si hay un Plan que necesita la Araucanía, es un Plan para salvar a los niños y niñas de la calle, aquellos que usted ve, pero otros que invisibles, aparecen en las noches, en los centros nocturnos y en el peligro de la muerte. Las estadísticas oficiales, las de antes y las de ahora no son certeras. La calle muestra solo lo que queremos ver, esconde magistralmente como en un juego de póker, las cartas de la derrota social.

Mis hijas me preguntan porque ella vive en la calle. Trato de explicarles, pero siento que no logran entenderme. Saltándome el rigor, le invito a la cena de navidad y me responde que para esa fecha ha decidido volver a casa, una casa desde donde huyo por el abuso de su padre. Antes de despedirme, pregunto : “ Crees en Dios Francisca”. Responde con la primera sonrisa de la tarde “ Por supuesto tío, si el me ha salvado de varias¡¡”

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